Recoleta: el asesino de Violeta atacó a otra mujer

Los datos se desprenden de los registros de las cámaras de seguridad de los edificios que captaron el derrotero del agresor. «Este tipo maneja muy bien la zona. Se lo ve subir por Gelly y Obes, dobla en Copérnico y se mete en el edificio donde estaba M. durmiendo. Ella estaba en la entrada de servicio. Él sabía muy bien lo que hacía. La golpea, sale y sigue caminando por Copérnico y baja la escalera», relató a minutouno.com Tiziana Ruffa, una vecina de la zona, en referencia a la escalinata sobre Agüero al costado de la Biblioteca Nacional. El relato de Tiziana se basa en lo que vio en la grabación de la cámara de seguridad de su edificio, que está a dos casas del lugar donde atacaron a M.. «La Policía cotejó las imágenes y le dijo a los encargados que era la misma persona la que había asesinado a Violeta y agredido a M.», afirmó. M., que tiene alrededor de 60 años, fue atendida en el Hospital Rivadavia porque el agresor «le pegó no se sabe si con un adoquín o ladrillo en la cara», comentó Tiziana. «Tipo 7 de la tarde M. pidió volver para dormir en la cuadra pero era evidente que no podía estar viviendo en la vereda después de lo que le pasó porque quedó desfigurada», explicó. Personal del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires buscó a la mujer durante la noche del martes y la retiró en ambulancia. Mientras tanto Tiziana intentó averiguar a dónde estaba el cuerpo de Violeta para darle sepultura pero desde el gobierno de la Ciudad no pudieron darle esa información por tratarse de datos reservados para la familia. Pero Violeta llevaba muchos años viviendo en la calle, con o sin trailer, y su historia es difícil de hilar. «A Violeta la conocimos hace un año. Ahí empezamos a entablar el vínculo», contó a minutouno.com Mónica De Russis, integrante de la ONG Amigos en el Camino que durante la pandemia comenzó a contener a quienes viven en la calle en Recoleta. «La vimos durmiendo en el portón del salón de eventos de Bárbara Diez con su gatito, Camilo, que a fines del año pasado se lo robaron, o desapareció. La vimos en el umbral y había una casa rodante blanca que tenía pintado el nombre Violeta, que era la que se había quemado», recordó Mónica. El trailer se había quemado «por dentro», explicó Mónica, y Violeta esperó con paciencia a que apareciera otro, cosa que eventualmente ocurrió. Aún así, los voluntarios de la ONG notaron que la mujer había quedado con «miedo» y prefería dormir afuera. «Siempre ponía alguna excusa, que le faltaba la cerradura o alguna otra cosa. De día sabemos que sí estaba adentro de la ‘casita’, pero de noche sabemos que no podía dormir ahí», comentó Mónica. «No sabemos si tiene familia, cuando le preguntábamos un poco se perdía o no nos contaba mucho. Nosotros eso siempre lo respetábamos. Era muy amorosa pero no sabemos nada de ella», señaló. Los dos ataques a M. y Violeta conmocionaron a la población de la zona y Mariana, otra vecina de Recoleta, señaló que durante la pandemia aumentó el número de gente que duerme en la calle cerca del Hospital Rivadavia. La investigación del crimen de Violeta quedó en manos de la fiscal Mónica Cuñarro, titular de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N° 7, según pudo confirmar Mónica a pesar de que desde la ONG nadie logró tener novedades de cómo avanzan las averiguaciones policiales y judiciales.

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